La tarde del 24 de junio, después de las hogueras de San Juan, bajé a la playa con mi hija. Después de una noche increíblemente cálida (los gallegos ya sabéis que pasear de madrugada sin sudadera en Galicia es casi un milagro) la playa estaba tranquila y aún quedaba un tenue olor a sardinas y humo flotando en el aire.
Mi hija, de 20 meses y exploradora profesional, iba recogiendo piedras y conchas con esa concentración tan seria que tienen los bebés chiquitines cuando aún no hablan con frases completas pero con un par de palabras lo dicen todo. De repente, se paró en seco. Señaló algo entre la arena y exclamó: “¡ohhhh!”
Era un trozo de madera quemada la noche anterior, con las vetas aún visibles bajo la carbonilla.
Como era de esperar, antes de que me diera tiempo a parpadear, la cogió con sus manitas que rápidamente se tiñeron de hollín. Se las miró muy solemnemente… y le entró la risa.
Pensé: ¡qué guay! Para mi hija es un preciado tesoro tirado en la playa. Para mí también, pero de otro modo.
Es un pedacito de una historia, un resto de hoguera donde la noche anterior quizás alguien había saltado y arrojado un papel arrugado que decía: “dejar el trabajo”, “comprar una furgo para viajar distinto y conectar mejor con la naturaleza”, “volver (o no) con mi ex”.
Ay si esa madera hablase…

Madera y vida
Pensé entonces que la madera está presente en muchos momentos de nuestra vida, aunque no siempre nos fijemos en ella.
Arde en las fiestas. Cocina el pan, las sardinas y el churrasco.
Se convierte en la mesa donde apoyamos el café calentito del desayuno y donde celebramos los cumpleaños.
Es el suelo por el que aprenden a caminar nuestros hijos.
Está en los bancos del parque, en los columpios, en los libros.
En las cunas y en los juguetes para las tardes de lluvia.
Y, si eres de los afortunados, también puede construir tu hogar o tu lugar de trabajo. En eso ya sabes que puedo echarte una mano: es mi especialidad. 😉
Usamos madera para celebrar, proteger, jugar, construir. Para vivir.
Incluso forma parte de esos rituales tan bonitos que van pasando de generación en generación, como el de las hogueras.
Hogueras, hechizos y demonios
Desde que vivo en Galicia, hace ya más de diez años, la noche de San Juan se ha convertido en una de mis favoritas. Es (casi) el solsticio de verano. La noche más corta del año. Esa en la que el olor a madera quemada te envuelve y te transporta. También te ensucia el pelo y no hay manera de quitarse el olor a humo en varios días.
Y qué me dices de los preparativos. Cuando descubrí el ritual gallego de las 7 hierbas de San Juan me pareció genial. Una selección de plantas mágicas con las que, según cuentan, puedes preparar una pócima que se deja toda la noche en remojo para invocar la buena suerte. También puedes usarlas para proteger puertas y ventanas de la entrada de energías poco recomendables. Tú decides.
Aún no lo he hecho, lo reconozco, pero el año que viene pienso ponerme las pilas y llevarme a mi pequeña exploradora la tarde del 23 de junio a recolectar flor de San Xoán, hinojo, helechos, malvas… y preparar nuestra infusión mágica para lavarnos la cara con ella al amanecer.
Eso sí. Hay una cosa que no puede faltar en ese ramo. El toxo (o tojo), ese arbusto que pincha bien fuerte si te acercas lo suficiente. Dicen que hay que ponerlo arriba del todo del brebaje mágico para que, si el demonio se asoma esa noche en la que el mundo real y el imaginario se dan la mano, se pinche el culo. Así, tal cual.

Cómo proteger la madera en la noche más mágica del año (y las 364 restantes)
Todo esto no sé si es cierto, pero lo que sí sé es que en la arquitectura en madera también hay demonios. Si no haces las cosas con criterio el Diablo de la Pudrición se cuela por donde menos te lo esperas.
Por eso me gusta pensar que, igual que se ponen hierbas para protegernos de lo malo, habría que poner conocimiento y ganas para proteger y cuidar la madera. Porque no todo vale. Tampoco todo arde igual, ni envejece igual, ni resiste igual. Depende de cómo lo hayamos diseñado.
Diseñar sin criterio es abrir la puerta a un diablillo oculto que, con el suficiente tiempo y libertad hará de las suyas. Para evitarlo he publicado La Guía Rápida de durabilidad en madera escrita por el mismísimo Diablo de la Pudrición. Aunque suene a hechizo, no va de brujería. Va de errores habituales, de pecados de diseño, de decisiones sin cabeza que pueden salir caras con el tiempo. Pero, sobre todo, va de cómo evitarlas.
Mucho más eficaz que lanzar un papel a la hoguera, aunque oye, una cosa no quita la otra. La guía, por si aún no la tienes, la puedes encontrar en la tienda recién inaugurada, en este mismo espacio virtual.
Quién me iba a decir a mí que un palito de madera chamuscado en la playa me daría tanto que pensar.
Y es que todo, si lo miras bien, tiene una historia que contar.
Espero que os haya gustado esta pequeña reflexión de resaca de San Juan.
Feliz verano y hasta pronto,
María



